TITERES Y TITIRITEROS


"Nos gobiernan a través del miedo"

José Luis Sampedro.
  TITERES Y TITIRITEROS

TITERES Y TITIRITEROS

11 de Febrero de 2016
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Solo el nerviosismo de los poderes, incluyendo a un Partido Popular “en funciones” con un Rajoy obsesionado por no poder acceder a un nuevo mandato, más ausente que nunca de la realidad, puede explicar la dimensión mediática que alcanzó una representación de titiriteros en el barrio madrileño de Tetuán.

El “escándalo” terminó con dos jóvenes titiriteros encarcelados “sin fianza” y con cargos por los delitos de “incitación al odio y enaltecimiento del terrorismo”. Lamentablemente tuvieron que pasar cinco dias para que los efectos de la levadura mediática aplicada por políticos del Partido Popular y muchos medios de comunicación, perdieran sus efectos y las aguas del desborde artificial comenzaran a volver a su cauce. Raúl y Alfonso, los dos jóvenes titiriteros andaluces recobraron la libertad, pero con cargos.

Pero el objetivo de reforzar el miedo, fue logrado. El mérito no solo es de los que agitaron de una forma desmesurada el alcance y la intención de la función de títeres, sino de la lenta reacción de quienes se supone inmunizados ante este tipo de manipulación. “No era la obra ni el espacio apropiado”. Y punto. Todo lo que vino después, sobra.

Pedidos de dimisión a distintos niveles, encarcelamiento sin fianza aderezados con apocalípticos juicios sobre el daño que esa obrita de títeres podía provocar. De fondo se pueden escuchar las risotadas de los Rato, Blesa, Rus, Bárcenas, Rita Barberá, Jordi Pujol y tantos otros. Todos ellos en libertad y con imputaciones por delitos graves cuya enumeración ocuparía más espacio que toda esta nota periodística.

Precisamente uno de los propósitos “colaterales” de este "escándalo" prefabricado es el de distraer al personal. Cambiar el foco y dirigirlo hacia algo intrascendente convertido en suceso, y dejar en sombras la corrupción, el robo, el blanqueo de dinero, el compadreo, sintetizando, la criminalidad estructural de una parte del sistema político.

"El títere de cachiporra es un género, una convención que se encuentra en todas las tradiciones europeas tiene unos lados oscuros y unos lados luminosos -explica Toni Rumbao, titiritero y autor del libro Rutas de Polichinela. Y añade: "Lo ridículo es que todo esto es que los títeres entran dentro de un código, una convención, que existe desde la Edad Media: los títeres siempre han podido decir lo que quieren. Incluso en la Cuaresma y otras épocas en las que esta prohibido el teatro, los títeres pueden hablar. Porque no son personas, son trozos de madera. Hasta la iglesia lo sabe. Esto no lo han entendido la policía ni el juez".

Ahora bien, ya que se han empeñado en sobredimensionar un hecho menor, es oportuno reflexionar sobre lo que pretenden desde el poder, lo que intentan los que quieren que todo siga igual y que incorporemos como “normal” el robo del dinero público, y la pérdida de derechos sociales y libertades. La estrategia de la represión controlada pretende imponer el miedo, la parálisis de la protesta social. No basta con la “Ley Mordaza” que aprobó el PP cuando tenía mayoría absoluta en el Parlamento, tienen que “reforzarla” con otras acciones.

Convengamos que si esto es así, la respuesta del campo popular, ha tenido reflejos lentos y excesiva mesura.

Están en juego derechos y libertades. La amenaza pende sobre todas las actividades culturales y creativas.

La obrita de títeres fue un hecho menor.
Pero lo que de modo intencional armaron después los arquitectos del miedo no lo es. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Completamos esta reflexión con dos artículos vinculados con el tema, "El policía que juzga a los titiriteros". y "Madrid, que mal resistes" .

* Carlos Iaquinandi Castro, Redacción de SERPAL
Servicio Prensa Alternativa.
Reus, Catalunya.
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> EL POLICÍA QUE JUZGA A LOS TITIRITEROS
Jairo Vargas

Ismael Moreno Chamarro, el magistrado más veterano de la Audiencia Nacional, fue inspector de Policía durante los estertores del franquismo. De marcado sesgo conservador, fuentes judiciales le definen como “uno de los preferidos de la Policía”.

Ismael Moreno Chamarro es el magistrado de la Audiencia Nacional que ha decidido encarcelar preventivamente y sin fianza a dos titiriteros acusados de enaltecimiento del terrorismo. Los detenidos exhibieron una pancarta con el lema "Gora ALKA-ETA" durante el espectáculo infantil que representaban en una plaza de Madrid durante las fiestas de Carnaval. Es decir, que dos personas están en la cárcel por representar una obra de teatro.

Moreno, titular del Juzgado Central de Instrucción número dos de este tribunal, es el más veterano de la Audiencia Nacional, a donde llegó en 1985. Previamente había sido inspector de segunda del Cuerpo Superior de Policía durante los estertores del franquismo. Ingresó en el cuerpo tras superar la oposición, en 1974, y allí sirvió nueve años en los que le dio tiempo a licenciarse en Derecho.

Su carrera judicial fue rápida. Desde que ingresa por oposición en el 83 pasa por varias plazas hasta que aterriza en el Juzgado Central de Instrucción número uno, donde ya llamó la atención de la prensa por ser el juez que investigó el intento de un policía español de implicar al Gobierno de Nicaragua en el tráfico de drogas.

En cinco años de carrera era magistrado el número dos, en la época más sanguinaria de ETA. Ya como juez tuvo que declarar por presuntas irregularidades en un atestado que realizó cuando era policía. Ese atestado sirvió para condenar a una persona a doce años de prisión por asesinato frustrado, una pena que fue revocada por el Tribunal Supremo, aunque este episodio no aparece en el curriculum que Moreno presentó cuando compitió sin éxito por hacerse con la Presidencia de la Audiencia Nacional.

“El juez preferido por la Policía”

Compañeros de judicatura y abogados que frecuentan la Audiencia Nacional le describen como un magistrado “de marcado perfil conservador” y “seguidista de todo lo que venga de la Policía”. No suele rebatir la versión del fiscal y siempre adopta una “postura muy gubernamental”. Según un abogado, Moreno genera “desconfianza por su ligereza para dictar prisión preventiva”. Fuentes judiciales afirman que “es uno de los preferidos de la Policía” y que los agentes “en ocasiones esperan a que él esté de guardia para llevar al Tribunal según qué casos”. En palabras de un letrado, “da la sensación de que es una correa de trasmisión al tribunal del trabajo policial. Siempre defiende a los suyos”, al cuerpo en el que sirvió nueve años.

Se ha caracterizado por hacerse cargo de procesos por terrorismo, tanto de ETA como de Al Qaeda, pero también de narcotráfico. El caso más importante que ha instruido, para muchos es el conocido como Sogecable, que acabó con la carrera judicial de Gómez de Liaño, y le costó una acusación de prevaricación. También estuvieron en sus manos, hace ya tiempo, el caso Nóos, que devolvió al Juzgado de Palma, y la investigación de Emperador, la operación contra la mafia china de Gao Ping. Así mismo, archivó el caso de los vuelos de prisioneros de la CIA a la cárcel de Gantánamo, tras seis años de investigación.

Una de las pocas veces que contradijo a la Fiscalía fue cuando rechazó que la AN investigara el caso de Falange y Tradición, el grupo ultraderechista que atacó monumentos en memoria de las víctimas del franquismo y realizó amenazas de muerte entre 2008 y 2009. Los tres condenados evitaron la cárcel.

Más reciente es la investigación que ha ordenado contra la Asamblea Nacional Catalana, la Asociación de Municipios por la Independencia y la Asociación Catalana de Municipios por de sedición y rebelión.
Auto “jurídicamente criticable”

El último auto de este magistrado ha sido el que decretaba la prisión preventiva y sin fianza para los dos titiriteros, una decisión “jurídicamente criticable” para Joaquim Bosch, de Jueces para la Democracia. Bosch insiste en que respeta la decisión judicial y que fue un “error” llevar a cabo esa representación ante un público infantil. Sin embargo, precisa que, aunque tenga consecuencias políticas para el Ayuntamiento, “no quiere decir que tenga que conllevar acciones penales”.

Para este juez, “del vídeo de la obra se desprende que no es un caso de enaltecimiento del terrorismo, sino una crítica a la instituciones del Estado amparada por la libertad de expresión, con independencia de que la obra, que es de ficción, guste o no”. Al mismo tiempo, Bosch considera “preocupante que se consolide en la judicatura una interpretación expansiva sobre la prisión provisional”, una medida “excepcional” que no está jurídicamente justificada en el auto.

La opinión de Bosch coincide con la del comunicado de la Asociación Legal de Sol, creada al calor del 15-M. Según estos letrados, el auto de Ismael Moreno es un “extenso y estereotipado copia y pega de jurisprudencia” que no razona que exista ni riesgo de fuga ni destrucción de pruebas ni posibilidad de que los detenidos cometan más delitos, como alude el magistrado.

Fuente: Público.es 8-2-2016

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> MADRID, QUE MAL RESISTES.
Francesc Serés

En este país donde Bárcenas, Millet o Rato están en la calle, tan tranquilos, lo prioritario es meter entre rejas a dos titiriteros. Y la nueva política ni siquiera planta cara.

Lo primero que me vino en mente cuando oí que habían encarcelado a los dos titiriteros de Madrid fue una escena de la película Novecento. Guardias a caballo, armados con sables, destrozan un teatro de guiñol en el que se burlan de ellos. Lo segundo fueron esos carteles que cuelgan en algunas calles cercanas a los ríos y que rezan “Hasta aquí llegaron las aguas el año…”. Recuerdan el nivel de la riada de tiempos pasados y sirven para recordar que el río crecido puede ocupar terrenos que parecía que la civilización le había ganado a la naturaleza. Por naturaleza entiendo también la historia pasada y reciente española, el agro interior de la magistratura y del alto funcionariado, el acuerdo tácito del Estado para sí mismo.

Han metido entre rejas a dos titiriteros por delito de lesa patria, para que sirva de escarmiento y con el visto bueno de la mayor parte de la opinión institucional. Hasta aquí llegaron las aguas en la España eterna de 2016, que si de lo que se trata es de buscar chivos expiatorios, de eso sabe un rato.

Había mil maneras de solucionar el problema pero lo que menos interesaba en este caso era dar solución alguna. Lo que la magistratura ansiaba era demostrar quién manda aquí y qué sucede si alguien de pasa de su raya. Unos jueces, unos fiscales y unas fuerzas del orden que las han visto pasar del tamaño de un elefante durante años, a juzgar por los casos de corrupción que se amontonan, van y se la cogen con papel de fumar. En este país donde personajes como Bárcenas, Millet o Rato están en la calle, tan tranquilos, lo prioritario es meter entre rejas a dos chavales.

Había mil maneras de solucionar el problema de los titiriteros, pero lo que menos interesaba en este caso era dar solución alguna

La obra ha sido invisible durante días y todavía hoy cuesta trabajo encontrar cortes aquí o allá. Por lo poco que hemos visto, se podría argumentar que la obra no era adecuada para niños, vale. Y puede que no fuese buena, yo qué sé. Pero lo inquietante es el nivel de defensa preventiva de los cuerpos y fuerzas de judicatura del Estado. Lo grave es que todavía hoy no podemos juzgar la obra porque no confiamos en la fiabilidad de las fuentes, y es grave porque hablamos de prisión por delito de mal gusto. Es la discrecionalidad del Estado para decir qué se puede y qué no se puede representar en un escenario, para limitar el derecho de expresión.

Lo peor es que la única alternativa a la carcundia la representa gente como Manuela Carmena, que en este caso se ha plegado a lo que se suele llamar sentido de Estado: a la cárcel con ellos y después, un auto de fe. La izquierda española está fatal, nunca se ha creído nunca que pudiese ser una alternativa de verdad, todavía anda derrotada. Se cree poseedora de cierta superioridad moral porque va más leída y aseada que la caverna, pero a la que la cosa se pone fea hay que ver cómo le tiemblan las piernas.

La nueva política no sirve ni para asumir el reto de explicar los hechos de otra manera. Podrían haber optado por admitir que la obra puede que fuese mala, que no comparten su contenido y reprobar a quienes los contrataron. Incluso que en el límite del campo estético, admitir que desarrollo, argumento y mensaje fuesen moralmente reprobables, pero es que no estamos discutiendo eso. Hablamos de adaptarnos a las reglas de juego de una derecha cuyos avances son retrocesos colectivos. Hablamos de no saber salir del marco mental que impone el Estado.

Hasta aquí han llegado las aguas, Madrid, qué mal resistes… Meten a dos chavales en la cárcel por una obra de guiñol y la nueva política pide disculpas y huye con el rabo entre las piernas en vez de asumir que ni ese era el problema ni ellos se van a salvar cuando les toque, como le pasó al concejal Zapata por un comentario en Twitter. Qué hartazgo, los revolucionarios, con lo fácil que era hacer las Américas en Venezuela y hay que ver cómo se achantan en cuanto llegan a Barajas. Luego, se permiten dar lecciones y mantener ese perdonavidismo ideológico que les caracteriza.

Este era el momento de plantar cara, de admitir y explicar errores, no ya de ceder espacio, de ganarlo. Si no saben ni defender la ficción, ¿cómo van a defender a la gente? La obra, a los nuevos inquisidores les importaba bien poco. Lo que perseguían, como ahora, era el escarmiento.

Como decía nuestra admirada marquesa: no te lo perdonaré, Carmena. Jamás.

Fuente: El País. 11-2-2016

 

 

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