RUBEN COSTIGLIA / Evocación y presencia


"Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos.
Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles."

Bertolt Brecht.
RUBEN COSTIGLIA / Evocación y presencia

RUBEN COSTIGLIA / EVOCACION Y PRESENCIA

21 de Noviembre de 2018
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Carlos Iaquinandi Castro, redacción de SERPAL.
Siempre es duro y difícil despedir a un compañero. Pero en este caso, se trata de alguien muy próximo, de esos con los que uno puede trenzar sus vidas a pesar de que las circunstancias impongan una distancia física durante muchos años. Eso ocurrió con Rubén Costiglia, que se nos fue en la madrugada del domingo 11 en México, lejos de su tierra natal, y lejos de nosotros, que residimos en España. Pero el vínculo de años y la calidad humana de Rubén lo mantienen presente, y así será. Tenía 71 años.

Recibido como Ingeniero Electrónico en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca, participó de la Agrupación Estudiantil 17 de Octubre, y militó en el Peronismo de Base. En los años 70, tras la dictadura militar se fue a España. Allí le recibimos los bahienses que habíamos llegado meses antes al exilio.

Años más tarde, Rubén se fue a México con su compañera Olga. Allí reiniciaron sus vidas y pronto él pudo acceder como profesor en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Sus conocimientos y su habilidad para trasladarlos a sus alumnos, le fueron abriendo cátedras y pasó por casi todas las carreras del Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería. En algunos talleres de capacitación para docentes que impartía anualmente se inscribieron doctores en Matemáticas, porque decían que querían aprender más. Calculaban que entre universitarios y chicos de bachillerato llegó a dar clase a más de veinte mil alumnos en estos años. Rubén conservó su nacionalidad argentina y española. Y su documento de residencia permanente en Méjico, curiosamente lo inscribió como "inmigrante científico".

Durante años escribió con regularidad su columna semanal "Nuestra vida y la Ciencia", que se publicó en el diario "Sintesis", en Pachuca, Estado de Hidalgo. Notas breves pero precisas y documentadas. El deterioro del planeta, los abusos y las tramas del poder, las injusticias, los análisis y reflexiones sobre el comportamiento humano, fueron algunas de las cuestiones que trató en sus casi 400 artículos. Fue colaborador de SERPAL, ya que publicamos varios de sus artículos e intercambiamos siempre información sobre nuestra América y la situación internacional. También fue un hábil dibujante autodidacta.

Rubén tuvo siempre una curiosidad enorme, una necesidad profunda de saber y conocer. Pero tenía también una especial habilidad para conectar y vincular esa sabiduría y aplicarla en sus clases o en sus conversaciones. Modesto y sencillo ganaba fácilmente el respeto y el afecto de quienes le trataban. Los que fuimos sus amigos y compañeros, sabemos de su compromiso con la Vida, su lucha por un mundo mejor, más justo y libre. No quiero abusar de adjetivos, porque para quienes sepan comprender lo que trato de expresar, es más que suficiente. Y si hace falta alguna otra precisión que exceda un juicio personal, diría que Rubén era un "imprescindible", como los que señalaba Bertolt Brecht.

Será difícil su ausencia. Pero nos deja su siembra, que nos ayudará a continuar. Nuestro abrazo para Olga, y para sus hijos Ernesto y Julio.

Como complemento de esta evocación de Rubén Costiglia Garino, compartimos dos de sus últimas columnas publicadas. "El tiempo en urgencias", publicada en el periódico mejicano "Síntesis" el 30 de agosto pasado, tras su primera internaciòn hospitalaria a raíz de su enfermedad, y "Eugenesia Criolla", publicada el 6 de setiembre de este año.

* Carlos Iaquinandi Castro
Redacciòn de SERPAL

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Columna 393 de Nuestra Vida y la Ciencia publicada el 30 de Agosto de 2018 en el periódico Síntesis (México)

NUESTRA VIDA Y LA CIENCIA
El tiempo en Urgencias

Después de más de siete años de publicación ininterrumpida el jueves 23 de Agosto esta columna no se publicó, porque el autor tuvo que ser ingresado en el Servicio de Urgencias.

Nuestra concepción del tiempo y de la vida se asemeja a la de una flecha que ha sido disparada cuando nacemos, y avanza hacia el destino final que es la muerte, allí la flecha termina su vuelo. Pero en un Servicio de Urgencias las cosas cambian. No hay ventanas que nos permitan saber si es de día o de noche, la luz del Sol está ausente. Sólo los cambios de guardia o las breves visitas dan pautas para medir el paso del tiempo. La flecha no parece recorrer un espacio con un antes y un después, sino estar inmersa en una materia algodonosa donde sólo se percibe el instante. Lo demás ha desaparecido, el tiempo parece haberse detenido.

Un viaje de ida, cargado de expectativas transcurre más lentamente que el de regreso, cuando ya tenemos memoria del trayecto. El tiempo feliz parece volar y el de la tristeza y el dolor alargarse. Pero, me atrevo a decir, el tiempo en el Servicio de Urgencias no es ni corto ni largo, es un no-tiempo.

La iglesia Católica allá por la Edad Media, dividió al día en siete horas "canónicas" indicando las oraciones que correspondían a cada una. De la hora sexta, que tenía lugar a mediodía, deriva la palabra "siesta". Actualmente se conoce a las horas canónicas como la Liturgia de las Horas, obligatorio para sacerdotes y religiosos o religiosas, y recomendado para los fieles. Del tiempo que marcaba el momento de ciertas oraciones, la vida moderna nos marca el momento de cumplir otras obligaciones más mundanas: ir a la escuela, al trabajo o cualquier otra actividad.

Pero en ambos casos hay un reloj, un dispositivo mecánico o electrónico que divide al día en partes iguales, algo que desmiente nuestra percepción. Parecería que, con pocos o casi ningún referente externo como en el caso del Servicio de Urgencias, el tiempo dejara de "fluir" y adoptara una forma distinta a la que aceptamos socialmente.

No sabemos qué es el tiempo, sólo sabemos que lo medimos de una forma lineal, y lo percibimos de muy distinta manera. Si la percepción en el Servicio de Urgencias se transformó en algo que parecía eliminar el transcurrir en forma lineal ¿ocurría algo similar con nuestras vidas? ¿Dejamos en esos momentos de ser la flecha que busca el blanco? No lo sé, sólo dejo planteada la cuestión, pero la percepción del tiempo que experimenté esos días me abre un abanico de preguntas que quizás otros puedan contestar.

Rubén Costiglia
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Columna 394 de Nuestra Vida y la Ciencia publicada el 06 de Septiembre de 2018 en el periódico Síntesis (México)

NUESTRA VIDA Y LA CIENCIA
Eugenesia criolla

La idea de que el color de la piel, la religión, o cualquier característica que se quiera considerar para diferenciar a los seres humanos y aceptarlos o rechazarlos, está más extendida de lo que pensamos y, lamentablemente, ha sido apoyada por personas provenientes del ámbito científico.

Antes que los nazis, en un lejano país del Cono Sur: Argentina, los principios de la eugenesia, la “purificación de la raza”, se pusieron en práctica. Era la eugenesia criolla. La que ha dado como resultado una nación que se presume como "los europeos" de América Latina.

El exterminio y marginación resultante de los pueblos originarios ya se tratado en esta columna, Hoy consideraremos la práctica ausencia de población descendiente de los esclavos africanos en Argentina.

Recuerdo que en los libros de historia argentina de mi escuela primaria había coloridas ilustraciones de los distintos cuerpos militares de la colonia e independencia de Argentina. Entre ellos destacaban los compuestos por esclavos africanos y por mulatos.

Durante las Invasiones Inglesas al Virreinato del Río de la Plata en 1806 y 1807 los batallones integrados por esclavos africanos tuvieron una actuación destacada.

De los aproximadamente 5000 hombres que defendieron Buenos Aires ante las fuerzas inglesas en 1807, 900 eran esclavos africanos y mulatos. Esta participación se prolongó a lo largo de todas las guerras de la independencia argentina.

A finales del 1800 comienza el declive de la población de origen africano en Argentina. Su uso como carne de cañón en las guerras intestinas y en la infame guerra del Paraguay diezmó considerablemente el número de varones.

El término "negro", "negracho","cabecita negra" pasó a definir allá por 1940, a los sectores populares que apoyaron al peronismo. El odio "al otro" se trasladó a odiar a gran parte del pueblo argentino. Cuando en Junio de 1955 la Aviación Naval bombardeó a su pueblo en la Plaza de Mayo, la clase media festejó la masacre realizada bajo el signo "Cristo Vence", una cruz sobre una "V" pintado en el fuselaje de los aviones. El odio a los pueblos originarios, a los esclavos africanos, transmutó en su más cruda esencia: el odio a los pobres, esa presencia molesta que suele tener la pésima costumbre de reclamar sus derechos.

La peste de la eugenesia se mantiene viva en casi todos los países del mundo. Por poner un ejemplo, hoy día el estado de Israel lleva adelante una política racista, practicando el apartheid contra el pueblo palestino sobre el cual desarrolla una política de limpieza étnica al mejor estilo de la Alemania nazi. Las sociedades modernas se construyeron sobre la violencia y el abuso. La eugenesia las impregna, desde Argentina a Israel.

Rubén Costiglia

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